Septiembre ha llegado y lo hace con cuentos. Después del descanso veraniego, vuelvo con las pilas cargadas para contar una y mil historias.
Por eso, este viernes 12 de septiembre comienza el curso de cuentos en Toys-E (Plaza Hermenegilgo Terrado, 2) de Jaén. A las 19 horas estaré contando cuentos para niños deseosos de perderse por historias de hadas, viejas, ogros y extraños países del color gris.
¿Has visto que lugar para escuchar historias?
miércoles, 10 de septiembre de 2014
viernes, 11 de julio de 2014
Hoy he dejado que la imaginación me invada y me he atrevido a comenzar un nuevo cuento infantil. Habla de una princesa y de un acontecimiento extraordinario que lo cambiará todo. Como veréis, nada nuevo en esto de los cuentos. Sin embargo, quizá consiga sorprenderos un poquito.
Aquí os dejo el comienzo (sin corregir) de esta "Asombrosa historia de una princesa cualquiera".
¿Qué sucederá...?
Aquí os dejo el comienzo (sin corregir) de esta "Asombrosa historia de una princesa cualquiera".
La princesa era
alta, delgada y muy, muy, muy guapa. Era tan hermosa, que su belleza
era famosa en todos los rincones del mundo. Desde su nacimiento,
todas las revistas se habían hecho eco de todo lo que acontecía en
el día a día de aquella joven tan especial.
Cuando cumplió
los dieciocho años, la princesa se había convertido en una joven
distinguida, elegante y bella. Todos los príncipes y no príncipes
del mundo, querían casarse con ella. Eran muchas las cartas que
recibía (con foto incluida) de sus admiradores. Todos le pedían que
se casase con ellos.
¿Qué sucederá...?
miércoles, 28 de mayo de 2014
Cuentacuentos en TOYS-E de Jaén.
CUENTOS
ASOMBROSOS PARA NIÑOS CURIOSOS
Este
viernes, 30 de mayo, a las 19 horas contaré cuentos en la tienda de
juegos educativos TOYS-E ( Plaza Hermenegildo Terrados 2). Un lugar
estupendo para dejarnos llevar por las historias.
miércoles, 7 de mayo de 2014
La otra historia de Tom y Jerry CAPÍTULO 11 FINAL
La
otra historia de Tom y Jerry
CAPÍTULO 11
Tom esperaba a Jerry con
impaciencia. El espectáculo había comenzado hacía apenas unos
minutos y sabía que no tenía mucho tiempo. Todo debía hacerse con
rapidez.
Jerry llegó maquillado y vestido
para la función.
- ¿Estás seguro de lo que vas
a hacer? -preguntó Jerry.
- Sí. Quiero ser parte de este
circo y lo voy a conseguir -respondió Tom seriamente.
- Como quieras, pero si en algún
momento te arrepientes, dímelo y pararemos.
Tom hizo un gesto de asentimiento
con la cabeza. Estaba decidido a hacerlo y nada ni nadie iba a
impedírselo. Aunque hacía tres semanas que por fin había conocido
a su padre e, incluso, a su abuela, su vida no había cambiado lo más
mínimo. Su padre no había vuelto a hablar con él, el rechazo de
los miembros del circo era aún mayor que antes y para Rose Mary
había dejado de existir. Nada de lo que hiciese o dijese conseguía
atraer su atención.
Jerry no quería hacerlo. Aquello
le parecía una locura. Sin embargo, sin entender muy bien porqué,
había sido incapaz de negarse a la extravagante y siniestra petición
que hacía dos días le había hecho Tom. Al principio pensó que
todo era producto del vino que estaban bebiendo. Hasta le pareció
divertido en un principio. Sin embargo, a la mañana siguiente,
cuando Tom le recordó la estúpida idea y le puso fecha, hora y
lugar, Jerry apenas pudo mantenerse en pie. ¿Cómo era posible que
Tom le estuviese hablando en serio? Ambos sabían que lo que estaban
a punto de comenzar, acabaría mal. Muy mal.
Tom abrió la bolsa y sacó la
sierra, agujas e hilo negro. Le temblaban ligeramente las manos
cuando se los entregó a Jerry. Éste colocó las agujas y el hilo
negro junto a él y agarró la sierra con fuerza. No quería que Tom
descubriese que tenía miedo.
- ¿Por donde quieres que
empiece? -preguntó Jerry.
- Por los pies. Un pie, una
mano, un pie, una mano. ¿De acuerdo?
Tom se tumbó en el suelo, junto
a la puerta de entrada del circo “Des monstres de papiers”.
Jerry, incapaz de mirarlo a los ojos, comenzó a cortarle el pie
derecho. De fondo, se escuchaba la función, las risas, los gritos de
horror y los aplausos. Tom apretaba los dientes con fuerza mientras
las lágrimas caían por su rostro. Después del pie derecho,
continuó con la mano izquierda y luego el pie izquierdo y la mano
derecha. Con los cuatro miembros amputados, cogió el hilo negro y
las agujas y comenzó a coser. Treinta y siete minutos más tarde
había terminado. Los pies de Tom ahora estaban donde su manos y
éstas ocupaban el lugar de sus pies. La sangre cubría todo el suelo
y, lo peor de todo, la hemorragia no cesaba.
- ¿Cómo te encuentras?
-preguntó Jerry.
- ¿Soy ya un monstruo? ¿Crees
que por fin podré formar parte del circo? -preguntó tembloroso Tom.
- Estoy seguro de que ahora
nadie podrá decir que no eres un monstruo. Te has convertido en el
mayor de los monstruos. Estoy orgullosos de ti.
- Por fin lo he conseguido -dijo
Tom mientras intentaba levantarse del suelo sin éxito-. No tengo
fuerzas para levantarme.
- Tom, creo que te estás
muriendo -dijo Jerry mientras le agarraba la cabeza para ayudarle a
incorporarse un poco.
- Lo sé. Quiero ver a mi padre
y a tu hermana. ¿Podrías ir a buscarlos?
Jerry se incorporó
inmediatamente y corrió al interior de la carpa. Buscó a Médez y a
Rose Mary y les contó lo que estaba sucediendo en la puerta del
circo. En apenas un minuto, todos los artistas y el público conocían
la noticia. Todo el mundo corrió hacia la calle. Nadie quería
perderse el espectáculo.
Tom no podía creerse lo que
estaba viendo. Rodeado de monstruos y espectadores asombrados y
fascinados se sintió por primera vez protagonista de la función.
Rose Mary y el hombre elefante se
arrodillaron juntó a Tom.
- ¿Qué has hecho? -preguntó
Rose Mary.
- ¿Por qué lloras? -preguntó
a su vez Tom.
- ¿Por qué lo has hecho? -Rose
Mary se pasó la mano por los ojos intentando detener sus lágrimas,
pero era imposible. El desconsuelo, la pena y la rabia de perder a
Tom eran insoportables.
Una enorme sonrisa se mostraba en
el rostro de Tom. Por primera vez en su vida era feliz. Miró a su
alrededor, vio a su padre que lloraba desconsolado, a los artistas
que apenas podían contener las lágrimas y al público que lo
miraba seducido y entregado a un acto único. Entonces Tom buscó de
nuevo a Rose Mary con la mirada.
- Te amo Rose Mary -Tom susurró
sus últimas palabras y murió.
Rose Mary gritó de dolor
mientras se abalanzaba sobre Tom, lo abrazaba y lo besaba. Médez, el
hombre elefante, extendió los brazos hacia el cielo y gritó el
nombre de Tom una y mil veces. Los artistas y el público comenzaron
a aplaudir, lo hicieron con todas sus fuerzas y durante varios
minutos. La ovación pareció eterna y resonó en toda la ciudad.
Ninguno de los que estaban allí olvidarían ese momento. Sin lugar a
dudas, había sido el mejor espectáculo que habían visto jamás.
Tom, por fin, había conseguido
formar parte del circo “Des monstres de papiers”.
-FIN-
La otra historia de Tom y Jerry CAPÍTULO 10
La
otra historia de Tom y Jerry
CAPÍTULO 10
Había pasado una semana desde la
muerte de Martha y no había vuelto a hablar con Rose Mary. Ni con
ella ni con nadie. Desde la muerte de la madre de los mellizos,
parecía que la distancia entre el circo y él había crecido aún
más. E incluso Jerry parecía un extraño las pocas veces que se
habían encontrado.
Por primera vez, Tom estaba
decidido a marcharse. Desde el comienzo de su viaje había soportado
el rechazo de todos y cada uno de los circos en los que había
estado. Incluso había soportado el rechazo del circo “Des monstres
de papiers” donde había descubierto que se encontraba su padre y
donde estaba seguro que era su hogar y el lugar donde tarde o
temprano se convertiría en un artista. Sin embargo, no podía
soportar el dolor de ver cada día a Rose Mary y sentir su
indiferencia y su rechazo. Ese dolor era lo más terrible que jamás
hubiese sentido y no parecía que fuese a acabar nunca.
Intentó hablar con Jerry una vez
más para despedirse. Pero éste no pudo atenderle. Tenía demasiado
trabajo para hablar. Quizás más tarde o mañana podrían
tener esa conversación. Tom sabía que no hablarían nunca más.
Una anciana vestida de negro
llegó al circo. Contempló la carpa, las caravanas, a los artistas y
a Tom junto a su árbol. Caminó hasta ponerse a su altura. Tom
estaba absorto en sus pensamientos mientras guardaba sus pocas
pertenencias en la maleta y no se percató de la llegada de la
anciana.
- ¿Qué haces? -preguntó la
anciana.
- ¿Qué? -preguntó Tom
asustado. Las palabras de la mujer lo habían sacado de su
ensimismamiento y lo habían devuelto a la realidad-. ¿Quién es
usted?
- Veo que estás recogiendo tus
cosas, supongo que te marchas. ¿Has descubierto quien es tu padre
por fin?
- Sí. Aunque no he hablado con
él y no creo que sepa quien soy yo. ¿Y usted? ¿Quién es?
-preguntó Tom cada vez más sorprendido. La anciana lo conocía-.
¿Me conoce?
- ¿Que si te conozco? Por
supuesto. Toda tu vida he estado ahí, sin que te hayas dado cuenta.
Hace años, yo formaba parte de este circo, pero lo dejé todo para
estar cerca de ti.
- ¿Por qué?
- Soy la madre del hombre
elefante. Médez es mi hijo y tú mi nieto. Yo fui quien dejó la
fotografía bajo la puerta de la pensión. Yo fui quien te guió
hasta aquí y ahora no voy a permitir que te marches sin que conozcas
a tu padre.
Tom no sabía que decir. Aquella
extraña anciana era su abuela. Ella lo había conducido hasta el
circo “Des monstres de papiers”. Sin embargo, no entendía como
ella nunca se había acercado a él en el pasado o nunca él la había
visto en su vida. El aspecto de aquella mujer era demasiado peculiar
para pasar desapercibida.
- ¿Cómo es posible que nunca
antes nos hubiésemos visto? -preguntó Tom.
- Eso es fácil de explicar
-respondió la anciana y acto seguido, desapareció-. Soy la mujer
invisible. Por eso nunca me has visto aunque siempre estuviese ahí.
Ahora vas a conocer a tu padre -la mujer invisible se volvió visible
de nuevo-. Sígueme.
Tom la siguió. Caminaron hacia
la carpa. Entraron. En su interior encontraron al dueño del circo y
a Médez, el hombre elefante que era su padre. Ambos se sorprendieron
mucho cuando vieron a la anciana junto a Tom.
- ¿Qué haces tú aquí?
-preguntó Médez.
- Vengo a hacer lo que tú no
has sido capaz de hacer en veinte años. Estoy aquí para que
conozcas a tu hijo -respondió la anciana mientras agarraba el brazo
de Tom.
martes, 6 de mayo de 2014
La otra historia de Tom y Jerry CAPÍTULO 9
La
otra historia de Tom y Jerry
CAPÍTULO 9
Tom esperaba con impaciencia que
Rose Mary viniese a buscarlo. Había decidido hablar con ella y
decirle que la amaba. Sin embargo, aquella noche no parecía que la
mujer barbuda fuese a visitarlo.
De pronto, en el silencio de la
noche comenzó a oírse un murmullo. Los miembros del circo
abandonaban sus caravanas y corrían hacia la de Martha. Tom se
incorporó preocupado y caminó despacio hasta allí.
Los hombres miraban al suelo
consternados. Las mujeres lloraban desconsoladas. Aleksei salió de
la caravana, los miró en silencio durante unos segundos y confirmó
la noticia. Martha había muerto.
Tom nunca llegó a hablar con la
madre de Jerry y Rose Mary. Sin embargo, sintió un profundo dolor en
el pecho. Le hubiese gustado quedarse allí con el resto para
velarla, pero sabía que no era una buena idea. En el circo, todos lo
miraban como si fuese un ser extraño y nunca habían hablado con él.
Sentía las miradas de desprecio del circo.
Caminó abatido hasta el árbol
donde tenía sus cosas e intentó dormir, pero fue imposible. Rose
Mary estaba en todos su pensamientos. No conseguía quitársela de la
cabeza.
Al amanecer, muchos de los
miembros del circo, abandonaron la caravana de Martha y se dirigieron
a las suyas para descansar. Rose Mary salió y caminó decidida hacia
Tom. En su rostro, podía verse el cansancio, pero nada más. Una vez
más, aquella muchacha ahora convertida en la mujer barbuda, no
mostraba sentimientos de ningún tipo.
- No quiero verte nunca más
-dijo Rose Mary en cuanto estuvo delante de Tom.
- ¿Qué? -preguntó Tom sin
comprender nada.
- He dicho que no quiero verte
nunca más. Además, quiero que te marches de aquí. No eres
bienvenido a este circo.
- Yo te quiero y no pienso
marcharme -dijo Tom dolido y cargado de orgullo.
- ¿Que me quieres? Tú eres
imbécil. Es imposible que puedas quererme, yo soy un monstruo y tú
no. Desde que llegaste, no paras de decir tonterías. Te lo digo una
última vez, márchate. Aquí ya no pintas nada.
Rose Mary se dio la vuelta y se
marchó. Tom no hizo nada por ir tras ella, estaba destrozado.
Un coche negro se detuvo junto a
las caravanas. Un hombre atractivo de unos sesenta años se bajó del
vehículo. Caminó hasta el hogar de Martha y entró. Unos minutos
más tarde salió a la calle abatido. El conductor salió rápidamente
del coche y lo ayudó a montarse en el automóvil. Cerró la puerta y
se marcharon rápidamente.
La noche de la muerte de Martha,
fue la noche en la que Jerry y Rose Mary conocieron a su padre. Sin
embargo, nunca más volvieron a verlo y ellos nunca lo buscaron.
jueves, 1 de mayo de 2014
La otra historia de Tom y Jerry CAPÍTULO 8
La otra historia de
Tom y Jerry
CAPÍTULO
8
-
Quiero que veas una cosa -dijo Tom mientras caminaba con grandes
zancadas.
-
Ya te he dicho que no puedo hacer nada -habló Jerry enérgicamente-.
Nunca conseguirás formar parte de este circo.
-
Sé que tarde o temprano no os quedará más remedio que aceptarme.
Estoy cansado de todo esto. ¿Tanto os cuesta ver que soy igual que
vosotros?
-
A veces pienso que todo es una broma -respondió Jerry resignado-.
¿Qué ves cuando te miras al espejo? ¿Ves a alguien con un rostro
como el mío o como el de mi hermana o el de mi madre? Sé que tú no
nos ves como los demás, pero eso no significa que seas como
nosotros. Aunque te esfuerces, siempre estaremos en mundos distintos.
Tom
sintió que las palabras de Jerry eran sinceras. Durante los últimos
dos meses había viajado tras el circo “Des
monstres de papiers” sin conseguir absolutamente nada. En ese
tiempo, Jerry se había convertido en su mejor amigo y Rose Mary, le
había robado el corazón.
- Sólo quiero que veas una cosa
-insistió Tom-. Quizás cambie tu opinión sobre mí.
Tom sacó de su maleta un
cuaderno rojo. Lo abrió y, de su interior, cogió una fotografía en
blanco y negro. Tras mirarla apenas dos segundos, se la dio a Jerry.
Éste la miró detenidamente. No hizo falta que Tom le dijese nada
para comprender que la mujer que estaba en la fotografía era su
madre y el niño el propio Tom. Ambos estaban acompañados por un
hombre cuya cabeza había sido cortada en la imagen y,
sorprendentemente, los tres se encontraban en la entrada del circo.
- ¿Quién es este hombre?
-preguntó Jerry.
- No sé realmente quién es.
Pero algo me dice que es mi padre y que forma parte de este circo.
Jerry volvió a mirar la
fotografía detenidamente. Sabía perfectamente quién era el hombre
que aparecía en ella. Lo había visto muchas veces sobre el
escenario. Cuando niño, siempre sintió fascinación por sus
actuaciones.
- Este hombre es el Señor
Médez. Cuando yo era niño, él era una de las estrellas del circo y
el cartel con su imagen estaba por todas partes. Recuerdo
perfectamente que llevaba este mismo traje en las fotografías. Hace
tiempo que ya no actúa, está enfermo. Ahora tenemos nuevo hombre
elefante y él, sólo se dedica a la venta de entradas y a ejercer de
portero cuando la función ha comenzado.
Jerry le devolvió la fotografía
a Tom. Éste la guardó sin mirarla dentro de la libreta roja. Ahora
sentía que todo tenía sentido. Durante años había vivido buscando
su lugar en un mundo de monstruos y siempre había sido rechazado por
ser normal. Sin embargo, él no era normal. Su padre era el hombre
elefante. Él era su hijo. En su interior había genes de monstruo.
Con suerte, sus hijos serían futuros hombres elefantes.
- No quiero que digas nada -le
dijo Jerry casi susurrándole-. Es mejor que no enseñes esa
fotografía a nadie más por ahora. Te ayudaré a que hables con tu
padre y descubras la verdad de todo. Ahora, tengo que irme. Prométeme
que no hablarás de esto con nadie. Ni con mi hermana tampoco.
- Con nadie -respondió Tom
extrañado.
- El circo de los monstruos
puede convertirse en un lugar muy peligroso si no hacemos bien las
cosas. Me marcho, mañana seguiremos hablando.
Tom miró como se alejaba Jerry
mientras pensaba en su padre. Muchas eran las preguntas, ahora que
conocía la verdad. Sin saber muy bien por qué, comenzó a sentir
miedo. Un miedo casi imperceptible que le apretaba el estómago y le
recorría todo el cuerpo. Comenzó a caminar. Quería dejar atrás
todo, buscar un lugar donde esconderse, donde refugiarse del temor a
la verdad.
Caminó durante horas abstraído
en sus pensamientos. Recorrió las calles de la nueva ciudad donde
había llegado el circo, ajeno al ruido y a la gente con la que se
cruzaba. Comenzó a llover. El agua le hizo salir de su
ensimismamiento. Empapado aceleró el paso y buscó el camino de
regreso al circo. Encontró refugio bajo uno de los toldos de la
parte trasera de la carpa y se tumbó en el suelo.
Rose Mary caminaba bajo la lluvia
como un espectro. Se acercó a Tom con paso decidido. Se detuvo junto
a él. Lo miró durante unos minutos. Le tendió la mano y ambos se
marcharon juntos hacia la caravana de ella.
Aquella relación sin palabras,
basada en la pasión, era lo más hermoso que Tom había vivido
nunca.
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